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Pisamos el mismo suelo

Estaba haciendo limpieza en mi ordenador y me he encontrado con varias fotos que me han gustado.
La relación entre ellas está en el suelo.

¿Quieres verlas?
Caerse de un árbol nunca ha tenido más significado.
Por fortuna, una madre es una madre para venir a rescatarte volando.
Las piernas siempre suben la audiencia.
Sin duda el mejor gato callejero. Missy (sí, es un macho. Qué pasa, no nos enterábamos con los sexos!)
Ya podéis gritar, además de ser araña, que ya no la hace muy querida, es de las feas.
¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaay!

Feliz viernes.

Por Verónica Mar dependienta online Bokamanga.com. ¿Te ha gustado?

No todos los finales son de color rosa

Conozco a mucha gente que debido a la crisis está viendo peligrar aquellos por lo que tantos años ha luchado, su sueño, su reto, su forma de vida.
Yo misma a veces me pregunto si tanto esfuerzo merece la pena, especialmente cuando la cuesta se hace dura. Aunque debo reconocer que siempre tengo la suerte de que cuando me baja el ánimo, me sube el trabajo, y es que tengo unas clientes que no me las merezco.

Pero el tema es que hay otra gente, y quizás yo misma me veré en esa situación, que no han podido soportar el peso, y han decidido cerrar, quedándoles un sabor a fracaso, que en realidad no es cierto.

Atreverse a emprender, sea lo que sea, ya sea un negocio, una familia, o un nuevo trabajo es un éxito en la vida. Lo fácil es no hacer nada y esperar a que el sol salga y se ponga, como cada día.
A veces, las cosas no salen bien, a pesar del cariño, el esfuerzo y la creatividad, pero merece la pena intentarlo, ya que intentarlo es en si mismo un éxito rotundo.

Espero que a nadie se le olvide, ni a los que emprendieron, ni a los que juzgan después a la ligera. 

¡Del fracaso siempre sale un éxito!



Por Verónica Mar dependienta online Bokamanga.com. ¿Te ha gustado?

Mientras no escuche a...

Para San Juan finalmente organizamos una mini fiestecilla improvisada en casa, con guirnaldas, que siguen, a pesar de su pronta caducidad colgadas de la lámpara, para absoluta distracción de mi gato, que a pesar de que no llega a ellas, se pasa medio día maullando, meneando el rabo y supongo que ideando mil maneras para alcanzarlas. De momento, ninguna de ellas con éxito.
A mí, su humana fiel, me parece mucho más divertido este ritual que el que últimamente había comenzado a protagonizar para mi desconcierto, que me paso el día poniéndole al oído a Jeff Buckley o Mayte Martín, a la espera de que mi gato sea un melógato de los pies a cabeza. Y al final, lo acabo pillándo in fraganti frente al ordenador, ensimismado y escuchando a ...
Cría cuervos....

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Un gato sin botas y una rubia con ciática

Hemos comido divinamente.
Nos hemos relamido los bigotes
Y NO hemos podido dormir la siesta
Este gato no tiene botas (cualquiera invierte un euro más en
 zapatos después de los nuevos de mi americano) y 
esta rubia comienza a presentir que su debilidad 
le va comiendo terreno, y de lumbago pasa a ciática.

Aunque el día de hoy acaba en positivo: la gata negra comienza a remontar, 
aunque sea poco a poco y tenga que estar en observación varios días.

Y como podréis observar, desde que he podido usar Instagram
Las FastFotos han llegado a mi vida...
¡¡¡LO QUE OS ESPERA QUERIDAS (y queridos)!!!


Por Verónica Mar dependienta online Bokamanga.com. ¿Te ha gustado?

Hoy voy a confesarte....

picasion.com
...Que hace ya algún tiempo, en la soledad de mi Ford Fiesta, esta rubia enganchó con la puerta el asa de la ya conocidísima mochila Agatha Ruiz de la Prada. Por lo visto, ese día había comido espinacas, y con tal mala suerte que la fuerza con la que tiré fue tan bruta que la arranqué de cuajo.

Ahora este par de piernas (mostradas vilmente para subir audiencia) y una servidora, buscan cirujan@ especializad@ que desamputar el asa a la famosa mochila.



Para las Agathamaníacas que quieran hacerse con el bolso recompensa lleno de margaritas con el que me he curado el disgusto, que no se duerman en los laureles, el stock está bajo minimos.



Clic aquí AHORA O NUNCA




Por Verónica Mar dependienta online Bokamanga.com.
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La verdad es que no entiendo a....

La verdad es que no entiendo a qué se refieren aquellos que afirman que estoy humanizando al gato...


Por Verónica Mar dependienta online Bokamanga.com. ¿Te ha gustado?

Con chandal y tacones


- Señorita, cuando le dijimos que para venir al gimnasio debía ponerse un chandal o ropa deportiva, no nos referíamos exactamente a ésto...



Por Verónica Mar dependienta online Bokamanga.com. ¿Te ha gustado?

La piel de la zanahoria es amarga

Pero no engorda.

Fieltro regalo de mi amiga Sonia
¡Ánimo!

 Escrito por Verónica Mar de Bokamanga.com.
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Todo bajo control

Ilustración de Benjamin Lacombe
En uno de  los programas de Redes, de esos que me gustan, hablaban del inconsciente,  y de cómo se adelantaba a cada una de nuestras decisiones, situándonos a nosotros, o por lo menos nuestro Yo más consciente, como meros espectadores de nuestros actos. Y no es que hoy vaya a redactar una nueva teoría freudiana, pero si sobre esa capacidad de sorprendernos a nosotros mismos que tenemos, y que al final es parte de la sal de la vida.

¿Cuántos de nosotros nos hemos adelantado a acontecimientos? ¿Hemos planeado reacciones ante situaciones que no nos habían ocurrido? ¿Cuántas veces nos hemos preguntado aquéllo de .. qué haría yo si me sucediera éso? ¿Y la de veces que nos hemos cansado afirmando que nosotros jamás reaccionaríamos de ese modo ante ese acontecimiento?

Y llega el momento y nuestra reacción nos sorprende, nos confunde y nos aturde. Y nos encontramos frente a nosotros mismos como auténticos desconocidos, como si nos hubieran cambiado nuestras emociones por las de otros. Para bien o para mal nos hace decidirnos en esos cruces de caminos que hay en la vida, que nos desvían del sendero que teníamos planeado para nosotros mismos. Un completo desorden interior, que para los que intentamos comprendernos, nos resulta una fabulosa oportunidad, o una auténtica tortura, según se vea el vaso y sea el caso.

Quién no se ha enamorado del quién no le convenía, quien no se ha enfadado sin motivo, quién no se ha sorprendido a si mismo diciendo sí a algo que llevaba planeando con un gran no desde hacía siglos. 

Y es que si la vida tiene un poder de sorpresa impresionante, nosotros ante la misma, tampoco nos quedamos cortos. Por ese motivo no deberíamos ser tan duros ni con nuestras propias reacciones, ni con las de los que nos rodean. A veces juzgamos muy a la ligera.

Y si no, quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra.

Escrito por Verónica Mar de Bokamanga.com. 
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La ducha, qué placer!

L@s hay que se duchan por la mañana, antes de salir de casa, para prepararse para afrontar el día, en cambio, otr@s prefieren por la tarde, cuando al llegar al hogar necesitan relajarse bajo el agua.
Much@s son los que se duchan según les viene, o en otros lares como el gimnasio.
¿Y quién no disfruta con una ducha?


Pero hay muchas clases de duchas. Están las rápidas, bien sea por prisa o por ahorro. Las largas bajo un chorro de agua hirviendo, que te hacen salir roj@ como una gamba. Están las frías, que pocos soportan pero tod@s querrían soportar; y las 'en su justa medida' ni largas ni cortas y con el agua tibia. 

También encontramos variedades que llegan de sopresa, como la ducha interruputus, donde el agua caliente da paso a la congelada, que siempre llega acompañada de un grito histérico y en muchas ocasiones con nombre y apellidos como 'Arturo, cierra el grifo que me estoy duchaaando'. Y qué me decís de esas duchas que acaban compartiéndose, donde todos copiamos la típica frase de mujer fatal de película de serie B americana '¿Me frotas la espalda?', cuando es la espalda lo que menos queremos que nos froten.

Y nos gusta tanto la ducha que cuando nos hacen salir de ella nos enfadamos. ¿Quién no se ha enfadado con un amigo pesado que tanto llamar te ha hecho salir con el cabello enjabonado? ¿O cuando ese impaciente nos aporrea la puerta diciéndonos que nos demos prisa? 
Sí, nos gusta la ducha. Corta, larga, tardía o temprana. Nos hace sentir mejor cuando estamos mal y radiantes si estamos positivos. Nos despeja, nos da energía, nos calma. Oh! La ducha.

Y si tanto nos gusta, si tanto nos relaja y si afirmamos que el desagüe se lleva problemas y lágrimas, yo me pregunto 
¿Por qué cuando una entra en hora punta en pleno verano en cualquier transporte público es evidente que hay much@s que no se duchan?

 Escrito por Verónica Mar de Bokamanga.com. ¿Te ha gustado?

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Vamos a contar despistes tralará

Tengo la poco recomendable costumbre de despistarme. A veces, en el súper, me llevo el carrito de otra persona pensando que es el mío, y al cabo de un rato me doy cuenta que yo no he comprado comida para perros, y no porque no lo haya apuntado en la lista - que también me he olvidado en casa- sino por la obviedad de que no tengo perro que me ladre. Es rutina también de las despistadas pensar cada mañana que nos han robado el coche, recordar que ayer teníamos que llamar a alguien y sufrir creyendo que nos hemos dejado la plancha enchufada. 
Si alguna vez contabilizase todos los minutos que pierdo en tonterías como esas, seguro que me llegaría para dos días de vacaciones.
Pero los despistes pueden ir más allá. Puede una montarse en un coche que no toca, coger de la mano a uno que no es su novio o ser acusada de ladrona por llevarse un bolso que no era el mío .
Y cuántas veces no he asegurado que había perdido el móvil mientras hablaba con alguien por el mismo ¿Cuántas? Ni recuerdo.
Por suerte ya no fumo porque ¿Dónde he puesto yo el paquete de tabaco? Debía irse con el móvil a dar una vuelta, y de paso con las llaves de casa, las gafas de sol, el mando del garaje... Los objetos están vivos como en Toy Story.
Y qué me decís del coche, ese agujero negro con ruedas, que te roban, que se pierde en párkings y que se mete en calles contra sentido. El coche se merecería un capítulo a parte.
- Haces las cosas sin pensar- dice mi madre.
Y es verdad.
Cierro la puerta de casa pensando en lo mío y después me paso unos minutos regresando para ver si la he cerrado ¿Nadie ha dejado la compra en espera en la caja, porque a la hora de ir a pagar se da cuenta que se ha dejado el monedero en casa? Sí, lo admito, he pecado.
Para cuando no me he dejado la visa en la caja anterior, y me llaman por la megafonía para que vaya a buscarla.
Y que me decís de ese papel con todos los datos escritos que NO ESTÁ DONDE TÚ lo habías dejado y aunque lo busques con tesón no aparece hasta que ya has vuelto a llamar y tienes otro papel con los mismos datos.
Una vez, llegaba tarde a un cumpleaños en un restaurante, uno de esos cumpleaños donde sólo conoces al  del aniversario, y creyendo distinguirle en la distancia, me senté en la mesa con un 'Hola, soy Verónica, siento llegar tarde', al minuto me dí cuenta que el que creí mi amigo era otra persona y ni siquiera era ese el restaurante, si no el de al lado.
Algún día os explicaré cómo perdí el DNI en un minuto, pero ahora mejor explícame tú tus anécdotas. Apuesto a que no soy la única despistada
¿Te animas?

 por Verónica Mar de Bokamanga.com. ¿Te ha gustado?

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Desde el punto de vista de una niña de 4 años

Se está convirtiendo en costumbre entre mis amistades, imitar a una servidora y posar en mi 'improvisado' Photocall de andar por casa. Por motivos de privacidad no subo ese tipo de fotos, aunque tengo ya bastantes de estas imagenes mezcla de burla e ironía. Niños haciendo cuernos a sus hermanos, adolescentes posando con cara de guapos, hombres grandullones con la mano en la cadera al estilo rubia tonta, madres guapas ... y aunque me falta algún amante, no me puedo quejar de la colección que estoy consiguiendo con la tontería imaginación de unos y otros.
El otro día, una niña de no más de cuatro años quiso ser la fotógrafa, y nos retrató a una amiga y servidora. 
Desde su perspectiva, claro.




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No todo es glamour en mi vida

Aunque sé que os cuesta creerlo, en mi rutina hago cosas tan poco glamourosas como el resto de humanos: Limpio los platos, pongo lavadoras o saco la basura. Y fue en esta última actividad poco elegante, tirar la basura, en la que me ocurrió una de esas ridículas escenas, que no sé si debido a mi despiste perpetuo o a mi color de cabello me suceden más de lo que me gustaría.

Suelo llevar mis llaves en una de esas cintas que se cuelgan al cuello. Cuando salgo a tirar la basura, suelo colgarme la cinta con el manojo de llaves del brazo para no tener que preocuparme de llevarlas en la mano o bajarme el bolso.
El mismo día que me iba a Sicilia, bajé basura de todas las clases y las fui tirando en orden de contenedor: primero la basura orgánica, después los restos, el papel, los envases y al final, el cristal. Al acabar... descubrí horripilada, que mis llaves no colgaban de mi brazo.
-¡Qué horror, he tirado mis llaves!-pensé. A unas hora de irme a Sicilia había perdido mis llaves en veteasaber qué contenedor. 
Comencé a buscar en los que disponen de puertas mas grandes y peores olores: los de orgánica y restos, pero ni veía las llaves ni tenía el valor de meterme dentro para llegar a las bolsas. Después me fui a los envases, y al final intenté ver algo en la ranura del contenedor de papel. Nada. Definitivamente, mis llaves debían estar bajo alguna bolsa o envase y yo comenzaba a tener ganas de llorar por mi mala fortuna. 
Era tal mi desesperación, que a pesar de mi timidez natural, al ver llegar a una pareja de rumanos que se dedicaban a rescatar productos aún en uso o reciclables, no pude más que, a través de gestos, suplicarles que me ayudaran a buscar las llaves que acababa de perder. 
Y justo cuando el hombre, estaba metido en un contenedor, buceando entre basuras en busca de algún tesoro, o de mis llaves, mientras yo iba recibiendo, junto a su pareja, todas sus hallazgos basuriles,  me dio por hacer algo sensato y racional: llamar a ver si me había dejado las llaves en el piso. 
Y allí estaban, encima de la cama.
Por suerte, aquella pareja no entendía el castellano, ya que habían sido tan amables que me dio apuro decirles que era una más de mis rubiadas, y les di las gracias para acabar diciendo que me daba por vencida en la búsqueda, mientras el señor dentro del contenedor seguía insistiendo en levantar basura para ver si bajo alguna bolsa estaban mis llaves.
Finalmente, tras mucho insistir y poniéndome ya colorada, el señor se dio por vencido, y yo subí avergonzada directa la ducha. Una vez limpia pensé que de esta anécdota nos reiríamos a la vuelta de Sicilia.
¡A mi salud!


Mañana comienzo mis relatos sicilianos en este blog.... Todo comenzó en un aeropuerto, con esta revista como acompañante....






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Total Red en diferido y en directo

En las grandes ocasiones siempre estreno vestido. Y es que soy más de falda que de pantalón.
- ¿Es Jordi Labanda?- preguntó J. 
- No, La Casita de Wendy- Contesté yo.

Y me vestí de rojo para salir al ruedo, y es que tenía reunión de tupperware online, donde una servidora, desde el otro lado de la pantalla, presenta artículos nuevos o exclusivos.
La verdad,  no sé si me dió suerte o todo lo contrario:
Ya en el photocall, antes de entrar en la oficina, no fue del todo fácil decirle a Lola que ella no podía salir en las fotografías, que además quedaron espantosamente borrosas. 


Justo antes del showroom, tuve dos problemas técnicos de gran importancia, teniendo en cuenta que una reunión de tupperware online no se puede hacer sin imagen. Solucionados los problemas de iluminación e imagen, llegaron los de audio. Y al final, utilicé una webcam distinta que, sin yo saberlo, me sacaba con estas pintas:
En vista de la calidad, decidí cancelar el resumen del vídeo y retroceder en el tiempo (con lo coqueta que soy!), sólo fui capaz de lo primero (esta es una toma que descarté).
Cosas del directo, que dirían en la tele. Aunque si soy sincera, a pesar de todos los nervios e imprevistos, fue todo un éxito, tanto en cantidad como en calidad de asistencia.
Y tan bien me lo pasé con vosotr@s (l@s asistentes) que después, animada por el buen humor que me había dejado la velada, me fui a celebrarlo con una copa y un bailoteo.

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De todos modos, para l@s que lloráis desconsoladamente y no os podéis dejar de preguntar ¿Cómo he podido faltar a un evento como ese? Podéis encontrar casi todos los artículos en los catálogos a continuación y próximamente en exclusiva en nuestra tienda de Facebook, o bien asistir al showroom del 24 de agosto, cuando regrese de mis muy merecidas vacaciones de verano.


JORDI LABANDA
BOB ESPONJA
KUKUXUMUSU

Feliz jueves-casi viernes- víspera de último día de trabajo antes de mis vacaciones.

PS: El vestido no está en el catálogo, pero quien lo quiera que diga 'pío' y si con el pío no funciona mis compañeros de Bokamanga ya lo han subido a nuestra tienda en Facebook (sólo disponible en talla M, talla normal).

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Tratamiento de belleza del fin de semana

En un domingo no muy lejano en una cama no muy cercana....

10AM. Duermo plácidamente. De repente, un dolor agudo aparece justo unos milímetros por encima de la parte superior de mi labio. Aún adormilada gimoteo:

- ¡Uuuuffffff! Creo que tengo un problema en la encía, debe ser una llaga !Uuuuufffff! Cada vez duele más, creo que puede ser algo malo. ¡Uuuuufffff! Seguro que de esta no salgo. Uuuuffff! Ya se pasa, yaaaa.¡Qué sueñooo!... 5 minutos más.

Intento volver a dormir, había trasnochado y una llaga, un dolor de muela o la que aquello fuera no podía conmigo, ni un llaga, ni un incendio, ni cualquier catástrofe natural. Necesitaba unos minutos más...

10.20AM. El mismo dolor, aún más intenso aparece en la parte superior de mi mandibula:

- ¡Uuuuffffff! Definitivamente este dolor es el presagio de algo realmente malo, el dolor se está extendiendo ¡Uuuuuuufffff! No puedo aguantarlo más ¿Pero qué me pasa?

Me levanto, me miro en el espejo y observo dos ronchas, las analizo con más esmero que mi dermatólogo y finalmente me despierto del todo. En ese mismo instante comprendo el motivo de tan inhumano dolor.

Y allí estaba, enredada en mi cabello, malherida, pero dispuesta a una tercera batalla, preparada para un nuevo ataque. Enseñaba su arma sin reparos, y se peleaba con mi melena con valentía.

Al puro estilo Timotei (aunque con más enredos y menos brillos) sacudo mi melena y la veo caer. Sin piedad, y mientras ella malherida hacía lo posible para caminar ladeada, le sacudo un pisotón que hubiera bastado para matar a un elefante.

Aún con el dolor en mi mandíbula busco la parte positiva y pienso que mucha gente se inyecta el veneno como tratamiento de belleza, pero poco me duró el gozo:

- No, no hija, eso no funciona con las avispas, sólo con las abejas.

Verónica         
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SEGUIMOS CON LA PREVENTA JORDI LABANDA AQUI.

La historia de la bicicleta y el príncipe azul de cuento

Antes de seguir con los temas de la pre-venta de las novedades de Jordi Labanda... un poco de ironías de la vida.
"La vida es como montar en bicicleta. Si quieres mantener el equilibrio no puedes parar''
Albert Einstein


Durante un verano, aprovechando que era posible llevar la bici en el tren en hora punta, me dediqué a ir al curro en bici cada día. 

En el camino de vuelta, me cruzaba a un chico que iba a correr. Guapo, alto, y con un cuerpo atlético. Al estar en frente el uno del otro siempre me regalaba una hermosa sonrisa. A la que yo correspondía con la mía.

Uno de esos días lo vi venir de lejos, y concentrada en no perderme ni un detalle de mi sonrisa preferida, pedaleé con fuerza. En ese momento la cadena de la bici se salió haciendo que el pedal derecho bajara a toda velocidad con mi pie encima y yo perdiera el equilibrio hacia la derecha. No te caigas, pensé, haz lo que sea pero no te caigas. En lugar de caer, apoyé como pude el pie derecho sobre el suelo a bastante distancia de la bici, viniéndose esta hacia mí, y haciendo elevar mi pierna izquierda en una posición un tanto extraña. Espatarrada, bastante desequilibrada y con la cadena colgando llegó mi sonrisa preferida. Fue justo en ese momento cuando la bici comenzó a caer, y yo continué con la pierna izquierda levantada, como si fuera un perro a punto de hacer pipí. Por favor Vero, no caigas, aguanta el equilibrio, volví a pensar. Comencé a saltar con la pierna derecha, hasta que al fin, toqué suelo con los dos pies, para caerme, sin remedio, de rodillas, al suelo.

- ¿Te has hecho daño?- preguntó él.
- No, tranquilo, dije yo- mientras notaba un dolor agudo en la rodilla derecha.
- ¿Te ayudo?
- No, no es necesario- contesté sin levantarme, aún de rodillas y más colorada que la sangre que descubrí después.

Y se fue. Y yo comencé a reírme, de mi misma, de la situación, y de pensar que las pelis de amor americanas eran de lo más cotidiano, y que una se enamoraba irremediablemente de una sonrisa bonita, mientras hacía equilibrismos con su dignidad.

Verónica          
       
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El día que volví a intentar quemar a otro ''posible hombre de mi vida'' sin éxito‏

Ya expliqué hace unos días que tiempo atrás, cuando aún ni había cumplido el cuarto de siglo, intenté quemar a un pretendiente que por aquél entonces me rondaba.  Por suerte,la sangre no llegó al río, o mejor dicho, el fuego al bosque...

Y aunque creáis que no es posible,  aún dispongo de una anécdota mejor, y más reciente, que no sólo puso en peligro la vida de ''el posible amor de mi vida'', si no que también la mía y la de cuantos allí estábamos.

¿Os la cuento?

Conducía yo por una transitada carretera nacional de Barcelona, con un apuesto copiloto a mi lado, cuando mi coche comenzó a dar muestras de poco combustible encendiendo la luz de reserva. Paré en la primera gasolinera que encontré abierta y tras una muestra de independencia femenina, me negué a ser ayudada por el copiloto varón, que se quedó a mi lado hablando. Saqué la manguera del dispensador y automáticamente, sin llegar a introducirla en la boca del deposito del coche, comenzó a rociar de gasolina el suelo, los pantalones y los zapatos favoritos de mi copiloto.


Afortunadamente, el responsable de la gasolinera, cerró la salida incesante de gasolina y evitó que el presunto asesinato se cometiera.

A punto estuve de rematar la faena con un resbalón sobre la gasolina vertida en el suelo, lo que hubiese sido un precioso final de fiesta,  ya que mi copiloto y yo teníamos un evento más o menos estresante, donde finalmente llegamos apestando a gasolina, y él con varias manchas sobre sus zapatos.


Por suerte, pude poner los ojos del gatos de Shreck, sonreír y poner la voz más aguda y dulce para que el responsable de la misma creyera que había sido un estúpido error de una estúpida rubia y poder así ahorrarme la discusión.

Si os soy sincera, no sé aún que pasó, y por qué salió la gasolina de ese modo.

Y colorín colorado, la escena ridícula y estúpida ya se ha acabado... aunque llegarán otras...

Verónica         
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